martes, enero 04, 2011

El acceso al patrimonio documental custodiado en el Museo del Ferrocarril de Asturias. Criterios para la elaboración de una normativa propia

Por, Nuria Vila Àlvarez, Centro de Documentación del Museo del Ferrocarril de Asturias

El Museo del Ferrocarril desde ha asumido la responsabilidad, como servicio público que es, de conservar, investigar y difundir a través de su Centro de Documentación, fondos bibliográficos, gráficos, hemerográficos y documentales, que constituyen un conjunto único en Asturias, a partir del cual acometer la investigación de los principales mundos del trabajo industrial en la Región desde mediados del siglo XIX hasta la reconversión industrial.

Dada la dimensión y el carácter de los fondos documentales custodiados se supera ampliamente la función básica de los centros de documentación museológicos tradicionales, diseñados para ayudar al control y gestión de las colecciones.

El crecimiento del Museo en cuanto a custodia de fondos ha sido exponencial en los últimos cinco años. También el de localización y reproducción de fondos ajenos, avanzando en el objetivo de formar un corpus completo sobre la historia de la cultura industrial asturiana.

El Museo del Ferrocarril de Asturias, como los demás de la Red Municipal de Museos del Ayuntamiento de Gijón, fue concebido desde el primer momento como un centro de investigación. Los criterios para definir y jerarquizar los accesos a los fondos documentales vienen dados precisamente por ese carácter. Lejos están los tiempos en los que los investigadores que se acercaban al Museo eran como “de casa”. Cada día más, y en los últimos tiempos de forma exponencial, el Museo y sus fondos están al “alcance de todos”; lo que se traduce en solicitudes de consultas, de préstamos o reproducciones de lo más variopintas. Ello porque, no hay duda, el Museo se ha convertido en una referencia cultural y un marchamo de profesionalidad y prestigio dentro del espacio en el que se inserta, pero también porque está de moda el discurso sobre la memoria y los artefactos que contextualizan un tiempo, un saber hacer y un determinado modo de vida pasado que se busca recuperar como elemento de cohesión identitaria en el presente. Más aún en un espacio como la zona central asturiana, definida “como de antigua industrialización”, que ha visto desmoronarse los testigos de aquello que había sido su modo de vida en los últimos cien años.

La identidad comunitaria definida por una determinada cultura del trabajo se ha convertido en el recurso a explorar y explotar por la mayoría de los poderes locales que ven en ella el instrumento de desarrollo para el futuro y hasta un recurso económico. Si a finales del siglo XIX, cualquier pueblo que se preciase peleaba por tener una estación y un puente, como símbolos de la modernidad y el progreso; en la actualidad los centros de interpretación, aulas didácticas, museos y proyectos expositivos de todo tipo se han convertido el principal recurso cultural y hasta económico; cuántas veces hemos oído aquello de “podemos vivir de nuestra cultura”, ese puede ser nuestro producto”, “sino hay carbón hay cultura, tenemos los restos de aquello que nos definió y podemos explotarlo como recurso tanto hacia la propia comunidad como para los extraños”.

Sería prolijo y baldío seguir hablando acerca de los interminables discursos sobre la memoria, la identidad,
las industrias culturales, la creación de productos turísticos, etc... conceptos, términos y definiciones que se mezclan demasiadas veces sin mucho criterio esperando que tengan un efecto taumatúrgico, para unas zonas en declive.

Y todo esto qué tiene que ver y cómo se traduce en la normativa y práctica de acceso a al Centro de Documentación del Museo. En primer lugar, sus fondos documentales y de colección “contienen” y contextualizar ese pasado y como servicio público que es se entiende que han de estar a disposición de la ciudadanía y las instituciones. En el momento actual, el principal problema que afronta e intenta resolver el Centro de Documentación del Museo es el que se plantea a partir de las demandas de reproducción, préstamo o cesión de sus fondos a empresas e instituciones para la producción de exposiciones, webs, publicaciones, centros de interpretación y proyectos museológicos y museográficos de todo tipo.

Estas solicitudes no se circunscriben a la consulta o cesión de materiales, cada vez con más frecuencia, se acude al museo para solicitar información y asesoramiento sobre su propio “hnow how”, lo que va más allá de la petición de reproducción de materiales y puede concretarse en forma de proyecto expositivo, elaboración de contenidos, asesoramiento de técnicas, y un largo etc. El museo actúa, siempre sin perder de vista su carácter de servicio público, como un verdadero consulting. Cómo regular ésta situación, y establecer un protocolo de actuación es la tarea en la que hemos venido trabajando a lo largo de este último añocuando constatamos que cerca del 30% de nuestras “consultas” se orientaban en el sentido antes indicado.

En resumen estamos inmersos en la reforma de la antigua ordenanza que regulaba estos servicios, basándonos en un concepto de reciprocidad con las instituciones que solicitan nuestra participación en proyectos propios y para ello usar y reproducir los fondos del Museo, teniendo siempre presente nuestro carácter de agente social y nuestro deber de difusión del conocimiento científico sobre los temas que nos ocupan

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2 comentarios:

  1. Anónimo10:52 p. m.

    Solamente me gustaría hacer un apunte: por favor, aprendamos a escribir antes de publicar nada. Las comas tienen sus normas de uso, y también los acentos.
    Gracias.
    Atentamente, una universitaria.

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  2. Gracias por el comentario, que remitimos a la autora.

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