miércoles, mayo 16, 2007

Locomotoras de vapor, un patrimonio imprescindible

Locomotora VA8. Ferrocarril Vasco Asturiano. Museo del Ferrocarril de Asturias. Fuente: Locomotoradevapor
Fuente LNE. Javier Fernández López. Director del Museo del Ferrocarril de Asturias.


Desde su aparición hace casi 200 años, la locomotora de vapor ha sido una de las máquinas más admiradas de cuantas han funcionado. Sin duda, permanece en el inconsciente colectivo de la humanidad como símbolo fundamental de la verdadera revolución que la industrialización originó. En Asturias, desde que en agosto de 1852 las primeras locomotoras del Ferrocarril de Langreo comenzaron a circular hasta que en 1963 se construyera la última, se reunió un conjunto inigualable, de ocho anchos de vía, constructores y tipos muy diversos, formando uno de los parques más variados e interesantes del mundo.

Los avatares de la historia, el uso intensivo de estas locomotoras en industrias y minas, sumado a la crónica obsolescencia tecnológica española, posibilitaron una sorprendente longevidad en buena parte del conjunto, hasta el punto de que en 1984 aún funcionaban algunas unidades y otras muchas sobrevivían, en pozos mineros, escombreras, fábricas, estaciones y chatarrerías. La mayor parte de aquellas más de sesenta venerables locomotoras permanecía por entonces poco menos que abandonada a su suerte.

Probablemente, basándose en sus poderosos valores estéticos y simbólicos y, sin duda, gracias a la labor de concienciación sobre el patrimonio cultural y ferroviario que comenzaba a llevarse a cabo por aquellos años, las locomotoras pasaron de considerarse como un mero elemento de producción sin más interés a ser estimadas como objetos dignos de conservación. En pocos años se produjo un cambio radical de actitudes, al que siguió una llamativa toma de conciencia sobre el valor de estas piezas.

Así ha sido posible que la práctica totalidad de las locomotoras que existían en los años ochenta del siglo XX hayan llegado a nuestros días. Resulta obvio que las empresas propietarias no estaban en condiciones de asumir las complejas tareas de conservación, y no sólo porque entre sus objetivos sociales no se encuentra asumir el coste evidente de restaurar y mantener, en la dura climatología de Asturias, piezas que pueden llegar a pesar más de cincuenta toneladas y que están formadas por miles de elementos, sino por la dificultad misma de acometer los trabajos con los recursos científicos que toda restauración precisa, con el fondo de documentación, investigación y experiencia previa que este tipo de intervenciones patrimoniales lleva aparejado.

En los años noventa surge un factor positivo, representado por la aparición en Asturias de diferentes entidades dedicadas expresamente a la conservación del patrimonio minero e industrial. Entre ellas poseen protagonismo indudable los museos de la Minería en El Entrego y del Ferrocarril en Gijón. El hecho de que una buena parte del total de locomotoras esté ahora bajo su custodia, supone que al menos este grupo tiene su conservación garantizada. Es incontestable que la debida contextualización de este patrimonio, la realización de trabajos de verdadera restauración, las tareas de investigación y difusión que todo bien cultural implica tienen en las entidades especializadas un punto de referencia y apoyo básico.

No obstante, el papel de los museos no se cumple íntegramente limitándose a custodiar los materiales en sus propias instalaciones. Se cumple también colaborando con terceros poseedores de máquinas, especialmente con los ayuntamientos y empresas, estableciendo criterios científicos, posibilitando el acceso a materiales documentales y metodológicos imprescindibles para la labor y, en definitiva, poniendo a disposición de toda la comunidad los recursos que son propios a este tipo de entidades. Un museo, obviamente, no debe ser un mero recinto cerrado objeto de visitas, sino una institución abierta a todo su entorno, que haga rentables también a este nivel los recursos que la sociedad, toda la sociedad, le otorga.

Para los que llevamos décadas intentando hacer llegar a los asturianos el testimonio del valor de este patrimonio singularísimo, resulta muy satisfactorio evidenciar que en la actualidad, la toma de conciencia social puede considerarse casi completa. Es un hecho, del que tendríamos que felicitarnos todos, que cualquier locomotora de vapor se considera ya sin discusión parte inseparable del acervo cultural de Asturias, consideración ratificada incluso con su expresa salvaguarda legal como parte del patrimonio histórico industrial protegido por la normativa autonómica.

En el mismo sentido, hay que destacar que muchas entidades públicas asturianas han venido actuando de manera muy positiva. No resultan raros los anuncios de la recuperación y rehabilitación de máquinas, como los llevados a cabo por los ayuntamientos de Castrillón, Langreo y Mieres, por reseñar algunos de los más recientes. También es muy satisfactoria la toma de conciencia de las empresas, con Hunosa a la cabeza, por la importancia de su actuación y del conjunto de su propiedad, seguida por otras como Feve, Aceralia, Asturiana de Zinc o la Autoridad Portuaria de Gijón. Todas ellas, y bastantes más, con generosidad social indudable, han permitido que muchas locomotoras de su patrimonio particular pasen a ser parte del patrimonio de todos.

No obstante, aún queda trabajo por hacer. Bastantes máquinas se conservan de manera individual, como meros adornos u ornatos en instalaciones industriales o en la vía pública. Al aire libre, con precarias condiciones de seguridad, y sin existencia de planes definidos para su mantenimiento, no pueden considerarse verdaderamente protegidas a largo plazo. La tendencia deseable, en consonancia con las políticas de preservación más avanzadas, es que mejoren sus condiciones de conservación y ello pasa por que se integren en programas patrimoniales debidamente organizados. Con los principales museos con sus colecciones propias ya completadas en buena medida, resulta aconsejable crear nuevas alternativas y nuevos recursos, debidamente diseñados, que abarquen el resto del patrimonio aún no protegido, dejando de lado cuestiones de interés particular, polémicas localistas o criterios de mera rentabilidad turística o empresarial. Cualquier actuación debe tener como meta, siempre y ante todo, la conservación, contextualización, difusión y puesta en valor de estas unidades para beneficio de la sociedad.

Las locomotoras de vapor, esas entrañables máquinas de las que todos reconocemos su valor, ya no son, en realidad, de las entidades o empresas que las poseen o de la localidad donde se ubican. Son un patrimonio histórico y cultural global de todos los asturianos y como tal deben ser tratadas.

4 comentarios:

  1. Anónimo8:57 a. m.

    La locomotora de la imagen no es la "NAlón" si no que es es la VA 8

    ResponderEliminar
  2. Anónimo8:29 p. m.

    Esta muy bien la conservacion ya que es el primer paso para una posible restauracion funcional pero despues de 10 años de tener Museo del Ferrocarril como es posible que no contemos, en una de las regiones con mas locomotoras preservadas con un tren historico en vía metrica????? Pues nada. . . seguiremos disfrutando del vapor en Azpeitia. Cuanto tienen que aprender algunos todavia.....

    ResponderEliminar
  3. Gracias por la observación. Ya lo hemos cambiado.

    ResponderEliminar
  4. Parece increible pero asi es. El problema de Asturias es que lo que no se hace con dinero publico, pues " no se hace". Aún así la consejera Mingoya dijo algo de promover este tipo de iniciativas una vez que se subio en Pravia al "tren de Azpeitia". No lo vemos claro...

    ResponderEliminar