jueves, diciembre 20, 2007

Fábricas como museos

El turismo industrial se afianza en numerosas ciudades catalanas


Las plantas siderúrgicas, las instalaciones mineras, las centrales eléctricas, las presas, las bodegas, las industrias textiles o las empresas de elaboración de componentes electrónicos no son tan antiguas como las catedrales góticas, pero pueden ser igual de fascinantes. Espacios insólitos, complejas maquinarias, estructuras de hierro, ladrillo y hormigón; motores, chimeneas, turbinas, ruidos y colores. Nuestra sociedad, cada vez más volcada en el trabajo del sector terciario, se acerca con curiosidad y sorpresa al mundo de la industria y los procesos productivos, y empieza a descubrir su inmenso atractivo. Poco a poco se va abriendo camino, también en España, una modalidad nueva de turismo cultural, el turismo industrial.

De Manresa a Terrassa. Turbinas y estructuras de hormigón en vez de cuadros y esculturas. Una ruta por las catedrales de la revolución industrial, con artistas pioneros como Gaudí y Guastavino.

Del 7 al 9 de marzo de 2007 se celebró en la ciudad francesa de Angers el primer Congreso Europeo de la Visita a la Empresa. Francia es un país pionero en el turismo industrial. Un ejemplo: las plantas Clément Ader y Jean-Luc Lagardère, de Toulouse, donde se ensamblan los modernos Airbus y el mítico Concorde, han sido proyectadas para que los visitantes puedan acceder a las naves de montaje de los aviones. Miles de instalaciones industriales, grandes y pequeñas, se visitan en Francia, Alemania, Reino Unido, Japón, Estados Unidos o Canadá. Muchas empresas han descubierto hace años las ventajas que proporciona el turismo industrial. Al mismo tiempo, el desmantelamiento de antiguas industrias despoja de su función original edificios magníficos que piden a gritos ser reutilizados.

La Diputación de Barcelona puso en marcha hace ocho años, a través de su Oficina de Promoción Turística, un programa amplio y completo de turismo industrial, basado en la importancia del desarrollo de la industrialización que se inició en Cataluña en el siglo XIX. Los cambios introducidos en los medios de producción, en la vida cotidiana e incluso en la arquitectura y el paisaje llegan hasta nuestros días. Muchos de aquellos procesos son hoy historia; su conocimiento nos permite bucear en un pasado en el que la técnica y el factor humano se solapan, y nos hablan de esfuerzos titánicos, innovaciones continuas, riesgo y tesón. Pero la revolución tecnológica de nuestros días aplicada a la fabricación del papel, la fibra óptica o la elaboración del vino no resulta menos apasionante y misteriosa para los profanos.

Sólo en la provincia de Barcelona hay actualmente 90 diferentes propuestas de turismo industrial que van desde el recorrido por las minas de carbón a cielo abierto de Fumanya o por la montaña de sal de Cardona a la visita a las modernas instalaciones de una fábrica de gres catalán en Calaf o a las bellas y famosas bodegas Codorniú de Sant Sadurní d'Anoia. Se han recuperado antiguas fábricas, como la de cemento de Pórtland de Castellar de n'Hug, construida a finales del siglo XIX por el arquitecto modernista Rafael Guastavino. En Manlleu, una antigua instalación industrial dedicada a la fabricación de textiles alberga el Museo Industrial del Ter.

Hay museos dedicados a la fabricación de la piel, del textil, de la cerámica, del corcho, del vino, del aceite, del chocolate, situados en antiguas instalaciones industriales que han recuperado parte de su maquinaria y de sus procesos de producción. Museos de las aguas, como el de Cornellà de Llobregat, donde se explican los avatares del abastecimiento de agua a la ciudad de Barcelona. Museos que tienen como protagonista la técnica, como el de Manresa; el transporte, como el instalado en una antigua estación de tren rehabilitada de La Pobla de Lillet, o la ciencia farmacéutica, como el de la antigua farmacia Balvey, en Cardedeu. La visita a la rehabilitada colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, permite acercarse a una de las obras más interesantes de la arquitectura industrial, un conjunto de edificaciones (viviendas obreras, iglesia, escuela, economato, centro de asistencia sanitaria, etcétera) encargadas por el industrial Eusebio Güell a Antoni Gaudí, siguiendo el modelo de las colonias obreras inglesas. La ruta vitícola de Subirats recorre un entorno de viñas con indicaciones sobre las tareas que se llevan a cabo en las distintas épocas del año.

Terrassa, que a mediados del siglo XIX vivió el inicio de la revolución industrial, la eclosión de la industria textil y su decadencia, es la población donde se da una mayor concentración de propuestas de turismo industrial. Fábricas, almacenes, tiendas, escuelas técnicas, residencias burguesas y viviendas obreras: más de 130 edificios catalogados como patrimonio industrial, bastantes de ellos visitables. Entre los más sorprendentes se encuentran la Masía Freixa, que fue residencia privada de industriales, curiosa mezcla de orientalismo y fantasía modernista, o la antigua fábrica textil Aymerich, Amat i Jover, donde hoy está instalado el Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña.

En la propuesta de turismo industrial de Barcelona se conjugan el encuentro con la arqueología industrial -museos que recuperan el universo de las antiguas fábricas y de los procesos industriales del pasado- con la visita a empresas en activo. Una nueva faceta del turismo que empieza ya a prender, lentamente, en otras comunidades autónomas españolas.

INFORMACIÓN PRÁCTICA

- Todas las propuestas del programa Turismo Industrial de Barcelona cuentan con visitas guiadas; la mayoría de ellas son gratuitas. Además de las visitas a instalaciones concretas (museos, fábricas, canteras, presas, minas, etcétera), el programa incluye rutas temáticas (las colonias textiles del Llobregat, Terrassa industrial y modernista, la ruta minera por el entorno de Cercs o la ruta vitícola de Subirats, entre otras) que pueden realizarse en transporte colectivo y tienen una duración de tres a siete horas. Los horarios son variables: hay instalaciones que pueden visitarse todos los días y otras sólo están abiertas los fines de semana. En muchos casos, las visitas se complementan con proyección de audiovisuales, exposiciones, demostraciones en vivo, talleres experimentales para niños y mayores, degustaciones de productos o trayectos en trenes de época.

La oficina de turismo de la Diputación de Barcelona (Travessera de les Corts, 131-159, 1ª planta; 934 02 29 66) edita el folleto

Turismo industrial, donde proporciona información detallada de todas las propuestas: contenidos, horarios de visita, precios y teléfonos de contacto.

El desmantelamiento de la gran industria tradicional inglesa en las décadas de los setenta y los ochenta fue la espoleta para la creación de circuitos turísticos, parques temáticos y diversas actividades que recuperaron parte del patrimonio industrial británico.

Algo semejante ocurrió en Alemania con la gran industria pesada de la cuenca del Ruhr. Francia, por su parte, se ha volcado en la promoción del turismo industrial hacia pequeñas y medianas empresas de carácter artesanal, principalmente de productos gastronómicos, aunque no faltan ejemplos en la gran empresa como el de Airbus-France de Toulouse.

En Cataluña, la reconversión de los años ochenta dejó baldías instalaciones históricas valiosas, muchas de las cuales han sido rehabilitadas después por las instituciones y transformadas en museos temáticos. Con ello, poblaciones y comarcas afectadas por la desindustrialización han encontrado en el turismo una nueva fuente de recursos.

Las visitas a bodegas, principalmente, son el otro polo de atracción de esta modalidad de turismo industrial.

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